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Coyuntura
  La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe
 

 

Fuente : Cepal

Santiago de Chile, 27 de mayo de 2009

"...la pregunta relevante no es solo cuánta IED se recibe, sino qué se hace y qué se logra con ella. En ese contexto, la reacción a la crisis económica actual debe incluir la construcción y el fortalecimiento de las capacidades productivas de las economías nacionales, de tal forma que puedan maximizar los beneficios no solo de la IED, sino también de su propia inversión en el exterior."

En 2008, en un clima altamente volátil, América Latina y el Caribe recibió nuevamente niveles sin precedentes de IED, sustentados sobre todo en el buen desempeño de las economías nacionales y de los sectores vinculados a la explotación y transformación de los recursos naturales, en particular en los tres primeros trimestres del año.

En un escenario con crecientes desafíos, muchos de los países de la región han procurado diversificar sus áreas prioritarias para atraer IED, a fin de mantener e incrementar su presencia en la economía internacional. Entre estas actividades destacan los servicios empresariales a distancia y los nuevos complejos hotelero-inmobiliarios integrados. La primera de ellas, pese a que no atrae grandes montos de IED, ofrece una serie de beneficios en términos de empleos, capacitación, transferencia y asimilación de tecnología, y desarrollo empresarial local. En segundo lugar, los grandes proyectos turísticos han permitido crear actividades en regiones poco desarrolladas y estarían contribuyendo a redefinir el modelo de negocios del sector en zonas sobreexplotadas. Estas actividades son una importante fuente de empleo para la mano de obra no calificada y han logrado establecer interesantes sinergias entre empresas e inversionistas locales y extranjeros.

El aumento de la IED hacia la región en los últimos años ha reportado beneficios. Sin embargo, ese aumento y la mayor presencia de empresas transnacionales no siempre se han traducido en un mejor aprovechamiento de sus efectos potenciales. De este modo, la IED en recursos naturales ha contribuido al aumento de las exportaciones y ha generado empleo e ingresos fiscales. Sin embargo, con frecuencia las empresas transnacionales de ese sector siguen operando en forma de enclave, sin estar ligadas a la economía nacional, con bajos niveles de procesamiento local y altos riesgos de contaminación o deterioro ambiental.

La IED en busca de eficiencia para la exportación ha ayudado a transformar la industria de algunos países, fundamentalmente la de México y la Cuenca del Caribe, mejorando la competitividad internacional de las manufacturas. También contribuye a la transferencia de conocimiento y tecnología, lo que redunda en la capacitación de recursos humanos. Sin embargo, existen algunas dificultades asociadas.

Esta IED corre el riesgo de quedar atrapada en actividades de bajo valor agregado, que generan pocos encadenamientos productivos y se centran en ventajas comparativas estáticas (bajo costo) y no en ventajas dinámicas (innovación) de la economía receptora. El escalamiento en la cadena de valor de la IED en busca de eficiencia sigue siendo un reto para la región.

La IED en busca de mercados internos ha impulsado nuevas actividades económicas en las economías receptoras, aumentando el contenido local, incentivando los encadenamientos productivos y al empresariado local, y mejorando el nivel de los servicios. Por otra parte, también existe el riesgo de que este tipo de IED resulte en un desplazamiento de empresas locales o en la producción de bienes y servicios sin competitividad internacional, dada la ausencia de instituciones sólidas o la existencia de vacíos regulatorios.

Las grandes corrientes de IED que han llegado a la región en el último quinquenio demuestran que su monto, per se, no garantiza la obtención de todos los beneficios que pueden resultar de la presencia de las empresas transnacionales.

Por su parte, las corrientes de inversión en el exterior de los países de la región también han continuado su tendencia ascendente. El proceso de globalización de las translatinas contribuye a fortalecer su propia competitividad, pero el vínculo entre esta mayor competitividad a nivel de empresa y la competitividad o mejora de eficiencia a nivel de industria no es automático. Los beneficios potenciales de la transferencia de conocimiento o tecnología pueden verse atenuados por las limitaciones en la capacidad de absorción.

Todo lo anterior apunta a formular y poner en marcha políticas que fortalezcan la capacidad de absorción de las economías de la región. En este sentido, la pregunta relevante no es solo cuánta IED se recibe, sino qué se hace y qué se logra con ella. En ese contexto, la reacción a la crisis económica actual debe incluir la construcción y el fortalecimiento de las capacidades productivas de las economías nacionales, de tal forma que puedan maximizar los beneficios no solo de la IED, sino también de su propia inversión en el exterior. El cambio de la estructura productiva, en el sentido de aumentar la participación de los sectores que hacen un uso intensivo de tecnología y conocimiento, puede tener como uno de sus componentes fundamentales el cabal aprovechamiento de las corrientes de IED y de la presencia de las empresas transnacionales relacionadas con ella. La realización de ese potencial depende marcadamente de la dinámica de una política de desarrollo productivo fuertemente centrada en la innovación y el desarrollo de capacidades locales.

(La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe, Conclusiones e implicancias, Cepal)



 
     
     
     
     
 
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